Friday, August 2, 2013

Fuerza en los Andes

Nosotros nos apelotonamos para mantenernos abrigados.  Había temperaturas baja cero.  Una chica lloraba, y el resto de nosotros tratábamos de contener las lágrimas, las cuales eran del frío o nuestro miedo.  Mi estómago producía sonidos extraños y sentía el dolor allí como nunca antes.  No podía ver más que mis pies.  Todo estaba blanco.
            Había sido mi segunda noche en los Andes de Bolivia.  Yo había llegado a la ciudad de La Paz sin hablar español o saber lo que sería mi vida por los próximos cuatro meses.  Yo, con diez otros estudiantes, y dos líderes, habíamos ido arriba por dos semanas, a la Corderilla Real en los Andes.  Después de la primera noche que pasamos en las montañas, me levanté en la mañana y me dolía mucho mi cabeza y  estomago.  Estaba tan fría, pero mi cuerpo sudaba, mi cara estaba roja.  Tuve la salmonella por una comida que yo he comida en el semana pasada.  Yo estaba demasiada enferma para imaginar un senderismo por solo el día, y teníamos dos semanas por delante en una altitud de 5,000 metros.  El aire estaba enrarecido, y mi corazón sentía que mi cuerpo corría constantemente.

Ese día hubo un momento cuando no pude caminar más, yo puse mi cabeza en las rocas para descansarme.  Mi grupo me vino y empezó decir cosas motivarme, me dio agua y comida.  No teníamos otra opción, solo ir adelante, a pesar de que estaba muy enferma.  Yo conocía estas doce personas por tres días, pero ese día ellos se convirtieron en mi familia.  Con la ayuda del grupa, yo podía hacer lo que pensaba que era imposible.  Finalmente por la noche, cuando llegamos a nuestra camping, tenía una nueva apreciación por mi grupo.  No hubiera podido llegar allá sin apoyo físico y mental de todos.

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